Con el paso de los años y la caída estrogénica tras la menopausia o tras los embarazos y el parto, la estructura muscular del suelo pélvico se va debilitando provocando su pérdida de fuerza y tono. El estreñimiento crónico, el sobrepeso y cualquier actividad que aumente la presión intraabdominal como cargar peso o la tos crónica, son otras de las causas frecuentes de aparición de este problema. Por lo que no siempre está asociado a la edad avanzada o a la menopausia.

El debilitamiento del suelo pélvico puede aparecer a cualquier edad provocando síntomas como dolor pélvico, incontinencia urinaria de esfuerzo, de urgencia y mixta, trastornos del tránsito intestinal: Incontinencia fecal y estreñimiento e infecciones urinarias. Cuando aparece en mujeres jóvenes o sexualmente activas tiene consecuencias directas en las relaciones sexuales, provocando dolor o dificultad en el acto sexual.

La Dra. Estefanía Romero, uróloga del Instituto de Cirugía Urológica Avanzada, ICUA, recomienda por tanto comenzar a fortalecer la musculatura del suelo pélvico con ejercicios de Kegel antes incluso de que aparezca el cuadro sintomático y acudir al especialista tan pronto como se presenten las primeras molestias o cuando aparezca la sensación de bulto en la vagina. Será éste el que pueda ofrecer el tratamiento más adecuado dependiendo del grado de afección. Bien pueden ser ejercicios de rehabilitación o un tratamiento hormonal sustitutivo tópico que puede mejorar la atrofia vaginal y algunos síndromes de urgencia- incontinencia. Pero la Dra. Romero explica que es el tratamiento quirúrgico para la corrección de la incontinencia de esfuerzo y los prolapsos pélvicos lo que ofrece mejores resultados hoy en día, sobre todo en los casos más severos donde las medidas conservadoras tienen más limitaciones.

Otro de los problemas urológicos más frecuentes en la mujer e íntimamente relacionado con los problemas de incontinencia urinaria son las infecciones de orina o cistitis. Según las estadísticas, se estima que en el mundo hay 150 millones de infecciones urinarias por año, siendo en España el 10 por ciento de las consultas de médico general y el 40 por ciento de las consultas al urólogo.

Según el doctor Luis Llanes, urólogo de ICUA, las mujeres suelen ser más vulnerables debido a una diferencia anatómica, y es que los hombres tienen el conducto uretral, que lleva hasta la vejiga, más largo y más alejado del mundo exterior, lleno de bacterias.

Independientemente del sexo, hay pacientes con mayor predisposición como los diabéticos, las embarazadas, los niños menores de 2 años, pacientes con cálculos renales y finalmente personas con obstrucción del tracto urinario. Además el especialista explica que en la menopausia se da un aumento del pico de incidencia de esta afección al aparecer problemas de incontinencia urinaria. Las pérdidas de orinan favorecen la proliferación de la bacteria Escherichia coli, principal causante de este molesto problema. El experto explica que de igual manera que las cistitis pueden acabar provocando también incontinencia urinaria, ya que la inflamación que provoca la infección irrita el músculo que se encarga de vaciar la vejiga, provocando contracciones involuntarias.

Finalmente los especialistas de ICUA nos dan unas pautas de prevención:

1. Mantener el peso adecuado para evitar la sobrecarga del suelo pélvico.

2. Evitar ejercicios intensos con aumento de la presión intraabdominal.

3. Disminuir la ingesta de xantinas (cafeína, teína).

4. Regularizar el ritmo intestinal evitando el estreñimiento.

5. Adaptar el entorno para facilitar la micción.

6. Tomar una media de dos litros de agua al día y a su vez ingerir líquidos por otras vías como infusiones, sopas..

7. Orinar frecuentemente y en cuanto se tenga la necesitad de hacerlo. No dejar pasar más de 3 o 4 horas entre micciones ya que las bacterias pueden crecer cuando la orina permanece en la vejiga mucho tiempo.

8. Orinar después de mantener relaciones sexuales. De esta forma se eliminarán las bacterias que puedan haber entrado en la uretra durante el coito.

9. Después de defecar, limpiarse siempre de adelante hacia atrás. Esto es fundamental después de la evacuación intestinal, para evitar contaminar la vulva con bacterias intestinales.

10. Evitar ropas mojadas y su contacto con los genitales. Tras la ducha hacerse un buen secado genital y cambiarse con mayor frecuencia durante la menstruación.

11. Usar ropa interior de algodón y prendas holgadas. Este tipo de prendas ayudarán a mantener la zona genital seca al ser más transpirables. También evitar pantalones ajustados y ropa interior de tejidos sintéticos ya que éstos atrapan la humedad y contribuyen al crecimiento de las bacterias.

12. Los diafragmas y los espermicidas pueden provocar infecciones urinarias porque estimulan el crecimiento de las bacterias. Los preservativos sin lubricante o los que contienen espermicida provocan irritación y contribuyen a que las bacterias provoquen síntomas. Pensar en cambiar de método anticonceptivo.

13. Intentar acidificar la orina para que las bacterias no puedan desarrollarse tan fácilmente. Esto se conseguirá mediante la ingesta frutas con vitamina C. Los arándanos tienen también un papel protector contra las infecciones.

14. Realizar un tratamiento con lactobacilo intravaginal o bien con yogur natural aplicado a modo de pomada en los genitales antes de acostarse. Otra opción es usar óvulos a diario antes de irse a dormir. El lactobacilo sustituye a la bacteria habitual de la vagina, que se ha perdido por la toma previa de antibióticos, y que previene el desarrollo de infecciones. 

15. Tras la infección urinaria se deberá confirmar su erradicación con un cultivo una o dos semanas después de finalizar el tratamiento. Asimismo, el paciente deberá asegurarse de la desaparición de la cistitis antes de volver a mantener relaciones sexuales.

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