Son varios y contradictorios los estudios que analizan el papel de la eyaculación en relación a la aparición del cáncer de próstata. Por un lado, dos estudios publicados en PubMed y en el British Journal of Cancer han analizado el celibato de los sacerdotes católicos y se llegó a la conclusión de que éstos tenían menos riesgo de padecer la enfermedad a pesar de no mantener relaciones ni practicar la masturbación.

Por otro lado, un estudio realizado en el Harvard TH Chan School of Public Health, de Estados Unidos, y publicado en European Urology ha realizado un seguimiento de 32.000 hombres durante veinte años. De todos los participantes, 4000 tuvieron cáncer de próstata y se pudo comprobar que aquellos que eyaculaban una media de 21 veces al mes, tenían un 19 por ciento menos de probabilidad de padecer cáncer en comparación con aquellos que eyaculaban como mucho siete veces al mes.  Aquellos que eyaculaban con mas frecuencia al rondar los cuarenta años, tenían un 22 por ciento menos de diagnóstico en cáncer de próstata.

El otro estudio, publicado en British Journal of Urology, analizó los hábitos sexuales de más de dos mil hombres, un grupo con cáncer y otro sin la enfermedad. Los varones que eyacularon más durante los veinte y los cincuenta años, tenían menos posibilidad de desarrollar cáncer de próstata. El efecto protector de la eyaculación era mayor cuanta más edad tenía el hombre. Según explicaron los expertos esto se debe a que la eyaculación podría proteger de la acumulación de carcinógenos en la próstata.

La contradicción entre los estudios sugiere que hace falta seguir investigando sobre si la eyaculación puede marcar la salud urológica del hombre. Por otro lado, la mejor forma de prevenir el cáncer de próstata es seguir unos hábitos de vida saludables y, al mismo tiempo, acudir al urólogo a las revisiones periódicas y ante el menor síntoma de un problema.

Equipo ICUA

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